sábado, 2 de agosto de 2008

Campamento ambiental Loma de Mejía: ¿Por qué?

Pietro Ameglio
La Jornada Morelos

Ayer inició, dentro del ayuntamiento de Cuernavaca, el “Campamento Ambiental Loma de Mejía: por nuestros hijos salvemos las últimas barrancas de Cuernavaca”, con una manta frente a la oficina de la presidencia municipal que dice: “Ciudadano Giles: ¿Qué ciudad nos vas a dejar a nosotros y a tus hijos? ¿Por qué no en otro lugar si hay siete alternativas?”. Debajo de la manta se colocó un jardín con árboles y agua que ejemplifican lo que es Loma de Mejía, y al lado una montaña de arena y basura, que muestran el proyecto para el relleno sanitario del ayuntamiento y PACSA. He ahí una buena foto de la actual disyuntiva y el porqué de esta lucha ciudadana: estamos ante la posibilidad concreta de una nueva catástrofe ambiental para Cuernavaca, Temixco, Jiutepec y el sur de Morelos, demostrada con todo rigor hasta la saciedad por todos los mayores científicos de renombre del estado y nacionales -como el doctor José Sarukhán: “El riesgo de construir un relleno sanitario en Loma de Mejía es inaceptablemente elevado aún si se aplican de manera apropiada las tecnologías tradicionales” (Foro Científico, 4 de junio). Incluso, estamos asistiendo a la retractación de algunos científicos de la propia UAEM que avalaron la manifestación de impacto ambiental. Ojalá pronto también las autoridades de esa importante casa de estudios se deslinden públicamente de tamaña ilegalidad y responsabilidad histórica, sería un acto de gran seriedad académica y moral.
Así, muchos grupos de la sociedad civil, de corrientes e identidades sociales muy diversas, nos hemos unido en unas acciones de resistencia civil noviolenta, totalmente legítimas y necesarias (ante el avance del “ejército” de Giles y de Adame con sus máquinas de guerra -excavadoras- contra la voluntad del pueblo en Loma de Mejía), respetando el “Pacto contra la violencia” que legitima plenamente la “protesta noviolenta y la desobediencia civil pacífica”. Esta acción directa noviolenta busca “tocar la conciencia” de la autoridad en su propio espacio de trabajo, presionar y “desnudar públicamente la verdad”, y confía en que la identidad moral de Giles (y la de Adame) logre reflexionar en forma ética correcta, escuchando realmente a la mayoría de las voces involucradas en el problema, y como consecuencia: detener las máquinas; instalar el relleno en un lugar alternativo al de Loma de Mejía; esclarecer la brutal represión en contra de Cristóbal Martínez. Sólo así estas autoridades podrán seguirse mirando al espejo “sin vergüenza”.
El tipo de acción noviolenta escogida de “campamento” (una variante del plantón) tiene ya raíces de originalidad en la reciente cultura de las luchas mexicanas, particularmente en Chiapas donde los “campamentos civiles por la paz” han jugado un papel muy importante en el mantenimiento de la paz como “tregua militar” y la protección de las comunidades. Es, por tanto, una acción que ejemplifica la “firmeza permanente” de los luchadores de un movimiento social que busca respuestas concretas a sus justas demandas.
Sin embargo, hasta ahora el camino oficial ha estado plagado de actos bochornosos: 1. manifestación de impacto ambiental elaborada llena de “doradas” irregularidades e irresponsabilidad científica (en estos gobiernos la legalidad no está marcada por el cumplimiento de ciertos requisitos técnico-científicos sino por “conseguir la firma que avale”); 2. “donativos” varios en efectivo y en especie (camiones, compra de conciencias…) a ayuntamientos y comuneros vecinos; 3. múltiples actos de represión y amenazas: tortura al ayudante de San Antón y un campesino muerto en Santa María, arresto de jóvenes que pegaban mantas y hostigamiento a vecinas que repartían volantes; cerco policiaco a vecinos que iban a una entrega con Adame, pegar fotos intimidatorias de los activistas del Frente Ciudadano en los comercios de la zona y amenazas a comercios opositores; 4. declaraciones cínicas y ofensivas; 5. campañas desinformativas, última de las cuales es la imagen bucólica televisiva de PACSA; 6. cerrazón a todo diálogo público, etcétera.
Por otro lado, han advertido bastantes movimientos sociales, intelectuales, ciudadanos y políticos, sobre los graves riesgos a la frágil “paz social mexicana”, que significan la polarización y mayor confrontación social en el país, el insistir en la resolución de los grandes temas nacionales y regionales en “albazos legislativos” o actos de impunidad y prepotencia del poder. El caso de Loma Mejía se inscribe en este renglón, ya que la casi totalidad de los mayores científicos consultados rechazan el proyecto al igual que las masas de gente que vive en los lugares que serán mayormente afectados. Tampoco se trata sólo de un problema local, sino que representa uno de los esquemas más comunes acerca de la creciente conflictividad social estatal y nacional. En un estudio acerca de la conflictividad social en Morelos de junio 2005 a enero de 2006, el Colectivo “Pensar en Voz Alta” (Serpaj-Picaso), demostró cómo en 684 acciones de lucha social registradas en ese periodo, el 20 por ciento fueron realizadas por “organizaciones sociales y de colonos”, sobre todo en la forma de “movilizaciones” (manifestaciones, marchas, mítines, plantones) y de “comunicados y declaraciones” (conferencias de prensa, entrevistas, demandas). El modelo económico neoliberal, en su infinita voracidad económica y militarista, agrede territorialmente a todos los niveles del orden social: desde las comunidades indígenas y campesinas, hasta los espacios urbanos de las clases medias y altas. Así, una de las novedades en las luchas sociales actuales es cómo hoy están presentes identidades sociales no acostumbradas, masiva e históricamente, a tener sus cuerpos directamente en situación de confrontación como los científicos, académicos, clase media y alta, colonos, etcétera. Han tenido que pasar de niveles de solidaridad a los de lucha social, ante la amenaza directa de acciones gubernamentales depredatorias e ilegales sobre su calidad de vida y sus familias. La catástrofe ambiental y laboral nos toca ya directamente a todos. Junto a ellos están los que siempre han luchado, cada vez más organizados y claros por dónde hay que ir.
Este último aspecto sociológico es interesante y podría llegar a representar aún más que el hecho significativo de que nuevas identidades se suman a las luchas sociales por ver afectados sus intereses personales, si lentamente se convirtiera en una mayor toma de conciencia de estas identidades de su ser colectivo y social -en un sentido amplio-de las múltiples inconsistencias inhumanas del modelo capitalista. Podría representar el embrión de una sumatoria en la lucha, ya encabezada por las comunidades indígenas autónomas en México, por un nuevo modelo paradigmático económico y social; no se trataría entonces de buscar el regreso bucólico a un pasado ya imposible sino la crítica a un modelo de desarrollo. Quizás por ahora es todavía una ilusión, pero luchemos al menos para transformarla en una esperanza y en una pequeña porción de la realidad.
Finalmente, Loma Mejía es parte de un amplio proceso de destrucción ambiental al servicio de negocios económicos voraces -con alianzas corruptas entre sectores empresariales nacionales y extranjeros y autoridades políticas- sobre todo el territorio de Morelos, clave además en el corredor del Plan Puebla-Panamá. Antes fueron las luchas del Casino de la Selva, la barranca de los Sauces, los 13 pueblos del Sur, el basurero de Tetlama, después se vienen la carretera Lerma-Tres Marías, el libramiento norponiente y todas las agresiones al Consejo de Pueblos en el sur. De ahí también la importancia de sumarse a esta ofensiva estratégica noviolenta, con miras a una lucha más larga y decisiva para garantizar la calidad de nuestra vida y la de nuestros hijos, y la de todos los que habitamos Morelos (humanos y no), íntimamente ligada a las muchas y valiosísimas luchas de resistencia civil a lo largo del país. Como bien decía Gandhi, la lucha noviolenta nos humaniza y hace más dignos, además de que es un “deber moral” realizarla ante la injusticia.