domingo, 10 de agosto de 2008

Caravana y clausura en Loma Mejía: por la vida y la verdad

Pietro Ameglio
La Jornada Morelos

Un hombre campesino mayor, de no menos de 70 años, caminaba lentamente pero a paso firme por la irregular subida a Loma de Mejía, a rayo de sol, encorvado, con su rústico bastón de madera apoyado con dificultad al piso. Ya llevaba algún kilómetro de marcha. Se paró una camioneta y le ofreció aventón hasta la meta final, todavía a considerable distancia. Él no quiso.
El objetivo de nuestra acción era detener temporalmente las “máquinas de la muerte”, los “tanques de Giles y Adame”. Una vez llegados a la cima de la loma, nos percatamos que no había la cinta adhesiva necesaria para “clausurar”. Enseguida reaccionó la masa: pongamos cada uno lo que tengamos a mano y unámoslo alrededor de las máquinas. Se formó así una gran cadena por la paz y la justicia hecha de agujetas, cinturones, flores, cuerdas, etcétera.
Los cantos y el incienso de las tetelcingas, de la liturgia cristiana y del caracol de la mexicanidad envolvían las oficinas del ayuntamiento de Cuernavaca, en medio de las tiendas de campaña y las mantas de los pueblos, organizaciones y colonias de Morelos en lucha espiritual y material por la defensa de su medio ambiente, de su vida y dignidad. De su futuro.
He aquí tres estampas de la acción de resistencia civil no violenta del martes 5 de agosto, para exigir que el relleno sanitario de Loma de Mejía sea construido en otro lugar. Una masa de personas se volcó con “firmeza permanente” a decirle a Giles y Adame: aquí estamos, no nos moveremos, estamos luchando en serio y lo mejor que pueden hacer, por nuestras familias y las suyas, es detener esa catastrófica decisión para Cuernavaca, Temixco, Jiutepec y el resto de Morelos, de construir un relleno sanitario en un sitio considerado por los mayores científicos del país y de Morelos como “totalmente inadecuado para ese uso y de alto riesgo”. Quiero puntualizar lo de “sus familias” porque desde el inicio, le hemos querido decir a las autoridades que estas acciones de resistencia son también por el bien de ellas. Este no es un movimiento de intereses individualistas, egoístas, partidistas sino que prioriza los intereses colectivos de los morelenses.
La Caravana No al relleno de loma Mejía. Por nuestros hijos, salvemos las barrancas de Cuernavaca, comenzó dentro de ayuntamiento con una masiva celebración ecuménica por la vida y la tierra en Morelos. Sacerdotes, indígenas, chamanes y pueblo nos reunimos para expresar públicamente nuestra decisión de luchar y de inspirarnos para ello también en la palabra del Dios de la vida, en sus múltiples rostros. De ahí partió una larga caravana de coches pintados con las consignas de la lucha, que recorrió el camino hasta La Tranca en Temixco, campamento emblemático de resistencia de los habitantes de la zona donde han impedido el paso por meses a todos los que quisieran impulsar el relleno.
A partir de allí, la gente empezó a caminar hacia la loma. El “caminar” es ya una acción de lucha muy importante, individual y colectiva, que muestra la determinación, el respeto al paso de todos, el permanecer unidos y apoyándonos en caso de necesidad, la “no prisa” y a la vez la seguridad de “llegar” a la meta. En los grandes movimientos no violentos mundiales muchas veces ha habido grandes caminatas, siendo tal vez las más emblemáticas la Marcha de la sal (1930) de Gandhi, la Marcha al Capitolio de Washington (1963) de Martin Luther King, la Marcha por la organización sindical, mejoras laborales y contra los pesticidas a Sacramento de César Chávez (1964) y la Marcha del color de la tierra (2001), organizada por los zapatistas para exigir el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés.